sábado, 17 de febrero de 2018

Eradicate Humanity- Capitulo 0

Capítulo 0: El mago más poderoso del mundo


En una pradera, un hombre anciano se encontraba de pie, reflexionando sobre el trágico desenlace que había llevado a esa situación. Frente a él se alzaba un ejército en formación impecable, liderado por un joven comandante montado en un caballo blanco, quien daba órdenes con vehemencia: "¡Arqueros, magos de combate, abran fuego!".

Tras la orden, un sinfín de flechas surcaron el cielo, acompañadas de diversos hechizos de alto nivel, como bolas de fuego gigantes, hielo petrificante y poderosos relámpagos, todos dirigidos hacia el hombre anciano. Con total calma, el anciano observaba cómo las flechas y los hechizos se dirigían hacia él y, levantando las manos, creó un círculo mágico frente a él y una luz blanca lo envolvió por completo.

Las flechas rebotaban en su cuerpo sin causarle daño y los hechizos apenas levantaban polvo. Al presenciar esto, el joven comandante no se sorprendió, sino que gritó nuevas órdenes: "¡Magos de apoyo, preparen el hechizo anulador de magia!". Miles de magos conjuraron al unísono un poderoso hechizo que creó un gigantesco círculo mágico azul en el cielo, de varios kilómetros de diámetro.

Después de varios minutos, un pilar del mismo color que el círculo mágico fue disparado hacia el suelo, donde se encontraba el anciano. Al impactar, la luz blanca que lo cubría se desvaneció por completo. El joven comandante, ahora agotado, ordenó a Brantley, uno de los cinco grandes héroes del imperio y conocido como el héroe del arco, que tomara acción.

"A su orden, su majestad", respondió Brantley con una voz fría como el hielo. Un arco enorme apareció en sus manos y disparó una flecha al cielo, atravesando las escasas nubes y desapareciendo en el brillante sol. Mientras tanto, el anciano chasqueó la lengua con desdén.

Sin perder tiempo, una flecha verde y brillante cayó del cielo, a varios metros de distancia del anciano. Al tocar el suelo, la flecha se deshizo sin dejar rastro, pero de inmediato apareció una segunda flecha, luego una tercera y una cuarta. El cielo se llenó rápidamente de una lluvia de flechas hechas completamente de maná, muchas de las cuales desaparecieron al impactar el suelo. Sin embargo, una cantidad igual impactó al anciano, dejando heridas superficiales en su cuerpo.

La lluvia de flechas cesó y el anciano se mantenía erguido como si las heridas no fueran nada. Alzó sus manos nuevamente y se escuchó un ruido.

'Crack'

Grietas aparecieron una tras otra en el círculo mágico que flotaba en el cielo. Finalmente, se destruyó en miles de pedazos, desvaneciéndose como si nunca hubiera estado allí.

"¿Cómo logró romper un hechizo de tal magnitud con tanta facilidad? Él es un monstruo", pensó el comandante del enorme ejército.

El anciano generó llamas en sus manos, cada una con un color distinto. Luego las lanzó susurrando una sola palabra: "Mueran".

Las pequeñas llamas volaron relativamente lento hacia el ejército, aparentemente inofensivas a simple vista. Sin embargo, cualquiera que conociera al anciano sabría que nada de lo que hiciera podía ser inofensivo. Las llamas se acercaban cada vez más al ejército y entre sí, hasta fusionarse y chocar contra el escudo de un recluta. La explosión resultante eliminó a varios miles de soldados, eliminando así la primera línea de defensa del poderoso ejército imperial con un solo hechizo.

Al ver la destrucción causada por las llamas del anciano, los soldados sobrevivientes se llenaron de temor y perdieron la confianza que tenían al inicio de la batalla.

"Parece que tendré que subir la moral del ejército", dijo una bella mujer rubia con confianza en su voz. Era Aella, la heroína de la lanza.

Aella se posicionó en combate y corrió a una velocidad inhumana, acortando rápidamente la distancia entre el anciano y ella. Cuando estuvieron a pocos metros de distancia, saltó alto en el aire y se lanzó en picado hacia el anciano.

Gritos de ovación surgieron en las filas anteriormente temerosas de los soldados. Todos sabían lo fuerte que era Aella, capaz de derrotar fácilmente a un batallón de hasta 1000 soldados. Tenían plena confianza en ella.

Sin embargo, Aella, aunque aparentaba calma y confianza, sabía que nunca podría vencer en un enfrentamiento individual contra el hombre frente a ella. Era solo un acto para mantener alta la moral del ejército.

Cuando la lanza de Aella golpeó su objetivo, a diferencia de lo esperado, solo se escuchó un sonido metálico. La lanza había sido detenida por la abrumadora defensa del anciano. Si se observaba detenidamente, el aura blanca que había desaparecido momentos antes cubría una vez más su cuerpo.

"Parece que sigues siendo igual de fuerte que en el pasado, ¿no es así, Aella?", dijo el anciano.

"Y tú sigues siendo igual de arrogante que siempre, Castor", gruñó ella en respuesta.

Aella intentó retroceder al ver que su ataque había fallado, pero era demasiado tarde. Las llamas de colores distintos volvieron a aparecer en las manos del anciano, y a esa distancia era imposible esquivarlas

Las llamas se dirigieron hacia Aella, provocando una poderosa explosión que resonó en todo el campo de batalla, similar a la ocurrida hace apenas unos minutos.

Aella quedó conmocionada al darse cuenta de que seguía viva. Al intentar ver lo que había sucedido, se encontró con un enorme escudo sostenido por Aldis, el héroe del escudo.

"Haha, parece que acabo de salvarle la vida a una dulce señorita", bromeó Aldis.

"Parece que tu cuerpo, del que te enorgulleces tanto, apenas pudo resistir ese ataque. ¿Y te consideras un hombre?", respondió Aella sin intención de agradecerle.

Aunque las palabras de Aella sonaron a broma, en realidad las poderosas piernas de Aldis temblaban y sus brazos parecían seriamente dañados.

Además del cuerpo de Aldis, su enorme escudo, forjado especialmente por los mejores herreros de la ciudad imperial, estaba lleno de grietas y parecía a punto de desmoronarse.

Después del breve intercambio de palabras entre los héroes, se apresuraron a regresar al ejército, pero Castor no desaprovecharía esa oportunidad. Preparó una vez más sus llamas gemelas.

Justo cuando estaba a punto de lanzar su ataque, sintió un peligro detrás de él y rápidamente canceló el conjuro, saltando hacia un lado mientras se volteaba para ver qué era lo que había percibido.

Se encontró con Wade, el héroe de las dagas.

"Hey, ¿qué tal, Castor? Parece que no te va muy bien. Lo lamento, pero creo que tendré que matarte por el imperio y todas esas cosas", dijo Wade casualmente, como si estuvieran charlando en una taberna.

Antes de que Castor pudiera reaccionar, un dolor agudo recorrió su espalda.

"¿Es irónico, no? Encantaste estas dagas especialmente para mí, pero parece que son las armas perfectas para enfrentarte", afirmó Wade con tono sarcástico.

Castor pronunció en voz baja "Maldición" mientras su rostro reflejaba claro enfado.

"Uy, uy, no hagas esas caras tan aterradoras, por favor. Mírame, estoy temblando", dijo Wade sarcásticamente.

Terminada la burla, Castor utilizó la Teletransportación Instantánea para ganar distancia, pero Wade corrió hacia él a toda velocidad, empuñando sus dagas.

'Estúpido', pensó Castor, y con un simple movimiento de su dedo, un enorme relámpago cayó donde estaba Wade, levantando una gran cantidad de polvo.

Cuando el polvo se disipó, el cadáver de Wade yacía en el lugar donde el relámpago había impactado.

Un ruido sordo se escuchó. Nuevamente, un dolor insoportable recorrió la espalda de Castor, pero esta vez no fueron las dagas de Wade. Fue Aella, usando su lanza para perforar por completo el torso de Castor, sobresaliendo de un extremo al otro.

En ese momento, una suave voz surgió diciendo: "No debiste hacer eso".

Aella se enfureció, arrancó la lanza del cuerpo de Castor y retrocedió varios pasos. Gritó con furia, "¡Muere de una vez!".

En ese momento, la lanza se clavó en el suelo y una lanza formada por los materiales del suelo emergió, atravesando el cuerpo de Castor de abajo hacia arriba. Luego, otra lanza apareció y hizo lo mismo, seguida de otra más. Finalmente, Castor fue empalado por docenas de lanzas de tierra y piedra.

Cualquier persona normal habría muerto en repetidas ocasiones, pero nadie subestimaba a Castor, por lo que el ataque no se detuvo allí.

El cadáver de Wade, que había desaparecido de la vista, apareció frente al empalado Castor, pero estaba vivo y coleando.

"Lo siento, amigo, no es nada personal", dijo Wade mientras lanzaba sus dos dagas hacia el cuerpo de Castor. Cada daga brillaba, impregnada con magia de alto nivel.

Cuando las dagas impactaron en el cuerpo de Castor, se clavaron en su cráneo y quedaron allí, mostrando pequeñas llamas en las que las dagas estaban imbuidas.

El silencio se apoderó del lugar.

Luego, una ráfaga de celebraciones estalló entre el ejército. Todos estaban felices, incluso el frío Brantley tenía una sonrisa en su rostro. El mago más poderoso que el mundo había visto había sido derrotado, y con menos bajas de las esperadas. Este era el mayor logro que el ejército imperial había obtenido en los últimos 300 años.

"Los humanos son tan ingenuos", pronunció unas palabras increíblemente suaves que dejaron a todos paralizados.

El cuerpo completamente destrozado de Castor se movió.

"Bueno, en su momento fui un humano, así que no es apropiado que yo lo diga", expresó.

Las lanzas que atravesaban su cuerpo se deshicieron como si fueran arena, y las dagas insertadas en su cabeza cayeron al suelo con sus puntas deformadas.

"¡Imposible!" era el pensamiento que todos tenían en sus mentes. ¿Cómo podría sobrevivir después de todo eso?

"¡Por qué no te mueres de una vez!" gritaron Wade y Aella al unísono, mientras lanzaban un nuevo ataque contra Castor.

Sin embargo, antes de que pudieran acercarse, un rayo amarillo perforó la cabeza de ambos héroes, haciéndoles estallar la cabeza y esparciendo sus sesos por todas partes, dejando caer el resto de sus cuerpos sin vida como títeres sin cuerdas.

El silencio volvió al campo de batalla, pero esta vez todos estaban aterrorizados.

Aldis, que estaba a decenas de metros de distancia, se enfureció al límite. Todos sabían que Aldis estaba enamorado de Aella, y al ver el cadáver sin vida de su amada, se lanzó contra Castor sin preocuparse por su propia vida, sosteniendo su escudo firmemente delante de él.

Desafortunadamente, su valiente carga resultó inútil cuando un rayo similar al que había golpeado a los otros dos héroes arremetió contra el escudo, lo perforó fácilmente y siguió su camino hacia el pecho de Aldis, perforándolo por completo. A pesar de ello, el cuerpo medio moribundo de Aldis continuó avanzando, aunque a una velocidad mucho menor. Sin embargo, su resistencia duró poco antes de caer sin vida al suelo. Por suerte o por designio del destino, su cuerpo cayó junto al cadáver de Aella, y con sus últimos alientos logró sostener su mano.

En el lado del ejército, reinaba un silencio total; nadie se atrevía a respirar siquiera. Tres de los cinco grandes héroes habían muerto de manera tan miserable, ¿qué les depararía a todos esos soldados? Aunque eran miles, los números no serían suficientes para hacer frente a un ser tan monstruoso. Brantley presenció cómo sus amigos morían uno por uno, lo cual lo llenó de ira. Sin embargo, no era alguien que se dejara llevar por las emociones. Debía pensar cuidadosamente en su próxima jugada. Aunque la batalla parecía perdida, eso no significaba que la guerra también lo estuviera. Si lograba retirar al ejército, podría reagruparse y encontrar una forma de detener a Castor. Pero primero, debían salir de allí, y Castor no se lo permitiría tan fácilmente.

En ese momento, alguien tocó el hombro de Brantley, lo que lo sorprendió. Se volteó para ver quién era y descubrió que era Theobald, el héroe de la espada, considerado el más fuerte de los cinco grandes héroes.

"Necesitas tiempo para retirar al ejército, además de proteger a su majestad. Él es un principiante en situaciones sangrientas, así que tú debes hacerte cargo. Yo conseguiré el tiempo necesario para que escapen", dijo Theobald.

Brantley quería decir algo, pero sabía que esa era la mejor solución. Simplemente se calló y asintió.

"¡¡¡Castor!!!" rompió el silencio como un grito de dragón. Un hombre con una armadura brillante y una gran espada dorada montado en un caballo negro cargaba contra Castor.

"Soldados, les ordeno que se retiren. No desperdicien el tiempo que sir Theobald nos está dando", ordenó Brantley. Tras su grito, muchos soldados vacilaron, pero finalmente se retiraron. Todos sabían que solo serían un estorbo en esa batalla.

"Así que te sacrificas para que tus colegas escapen, noble pero estúpido", dijo Castor con una sonrisa maliciosa en el rostro.

"No es momento de hablar, Castor", respondió Brantley. Tras esas palabras, la espada dorada que sostenía Theobald apuntó hacia el cielo, y un millar de espadas de todo tipo aparecieron en el cielo azul, listas para arremeter contra el cuerpo de Castor. Decenas de espadas se clavaron en Castor, para luego caer al suelo.

Decenas de espadas se clavaban en Castor, cayendo al suelo para dar paso a más golpes. El tiempo transcurría lentamente y finalmente todas las espadas yacían en el suelo, mientras Castor se alzaba por encima de ellas sin un solo rasguño. Con una atmósfera magnánima que lo rodeaba, Castor levantó su mano, y frente a él apareció un círculo mágico. Segundos después, una réplica exacta de la espada que sostenía Theobald emergió y se elevó en el cielo, seguida de espadas de todo tipo.

Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de Castor, y en ese mismo instante, no solo un millar, sino un millón de espadas aparecieron en el cielo, mientras Theobald mostraba una expresión burlona.

"Sabes, tengo la ligera sospecha de que este enfrentamiento no es nada justo", dijo Theobald.

"El mundo nunca fue justo", respondió Castor.

...

Mientras tanto, Brantley seguía corriendo junto a los soldados, pero de repente su expresión se congeló. "¿En serio creyeron que podrían escapar?" Castor los miraba desde arriba, como si fueran simples hormigas. Llamas gemelas se formaron en las palmas de Castor, pero esta vez eran al menos diez veces más grandes que las llamas anteriores. "Ahora, por favor, mueran".

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